viernes, 13 de diciembre de 2013

patria chica

al final,
esto eres;
una memoria que se pierde a sí misma al ritmo de los terremotos,
una bandera alzada solo en los obrajes,
eres tal vez un bar de nombre griego en Estación Mapocho,
y tus luchas son como el juego de dominó de dos sesentones con jockyes verde olivo.
una acumulación tan antigua,
como esa juventud que se permitía gritar rebeldía,
la partida de un dominó que busca eternamente su chancho seis,
aunque en la mesa están sentados chanchos,
cerdos que merecen sillas de tres patas y vino vinagre.
en la sencillez de los tragos de la jarra,
piden un completo italiano,
pero en el fondo de ellos,
asemejando a un plato,
querían una cazuela del mercado.
Sos ojos negros y costillas salidas,
a las que se les negó la cazuela hace décadas.
Como la ventana de este restaurancito,
(cubiertas x carteles de Coca-cola)
más picada que barcito,
 pero con patente de alcoholes al fin y al cabo,
con permiso de ser la poca cosa que te permites ser.
Temeroso de que la tía quiera cerrar,
desbarate tu mesa,
te entregue una boleta amarillenta y te mire feo,
mientras cuentas nervioso, nerviosa,
las moneditas tan justas.
eso eres patria chica,
paisito, patiecito trasero donde un gringo estúpido hace su barbacoa,
o un japonés, malditamente inteligente aliña sus (tus) pescados.
¿cuando te vas a subir a los zancos?
¿cuándo te pensarás pueblo y no nación?
¿cuándo será el día en que en serio quieras ser Patria Grande?


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