sábado, 29 de diciembre de 2018

rezo

rezo para que algún lugar de tí
lo sepa,
o al menos presienta,
rezo
en el antiguo sentido
de poner en movimiento
o llamar
a través de la palabra.
necesito tiempo
para no escribir en el cielo,
con mi avión a chorro
cualquier gilada.
por eso,
repito poemas como mantras;
no quiero ser confusa
no quiero ser irresponsable
estoy dispuesta a bancarme
el dolor de la lenta decantación:
mirar mi laboratorio
con la preocupación que las horas de los trenes
se pierdan irreversiblemente.
rezo
para confiar
en que puedo hacer las cosas bien
rezo
para que descifres
que este no es un tiempo abstracto
mi silencio es un acto de autodisciplinamiento
callarme hoy
es un acto de amor grande
rezo
para que puedas oírme
y aunque no lo sepas
al menos

quieras escucharme.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Kintsugi

no es que quiera hacer
que mi torpeza tenga una utilidad milenaria
pero no paro de pensar en las tazas de cerámica rotas,
en ese poema del que te hablé
de las tazas sordas porque no tenían orejas.

Hace un par de meses me dijiste;
en este mundo tan capitalista y macabro
pensar en otras construcciones
que no sean tirar y resolver
es caminar contra toda la marcha de las cosas.

Pienso
en lo humildemente bello
que es echar luz sobre una herida
juntarlas a lo que hicieron sangrar
con un material más visible y valioso.

Recuerdo que en ese momento
me costaba la idea de una taza
yo, estaba muy desbordada para querer contener
no había recipiente para beber lo que cada una necesitaba del mundo.
ni si quiera sé
si sabíamos o sabemos
qué tomar.

me temblaban las manos y corrí en la bici
por todos los caminos que tenía dentro
pensé en todas las tazas que había roto
en todos los estantes que me tiraron abajo
desde muy chica,
y como yo,
había aprendido a bailar sobre los escombros.

No quiero ser la que te diga
volvamos a pegar las partes de la taza.
Barrimos muchas veces nuestras cocinas,
sabemos
que hoy
queremos beber en recipientes distintos.
tu sed
mi sed
no van a saciarse de la misma forma.
duele,
pero es parte de la realidad y de la vida
y si voy a crecer,
quiero aprender  a encontrarle magia
a lo que vive más allá de mi fantasía.
Porque esta
no es más que otra idea
para evadir lo que es.
Y esto que es
me parece sencillamente alucinante,
luminoso
como el adjetivo que sabe teñir todas nuestras historias.
Incluso las que presiento,
aún no nos convencemos de atrevernos a vivir.
Por eso,
yo no vine a decirte
peguemos la taza.
vine a proponer
que con todos esos pedazos rotos
y los que llevas dentro
los que recogí de mi viaje
los que veamos por las calles de la ciudad
que aún nos reúne
los que sean pequeños trozos de espejos
extendámoslos sobre el cemento
y hagamos un mosaico.
Así caóticos como el mundo raro
en que nos está tocando vivir
construyamos algo bonito
aunque no entendamos por donde va la forma,
algo que incluso se salga de sus márgenes
algo para colgar y mirar juntas
y estar toda una tarde
o un verano
encontrándole nuevos sentidos a la cercanía de sus colores
algo que no podamos decir que es exactamente
pero sepamos que está,
porque lo decidieron,
instintivamente tus manos y las mías
algo para colgar en la muralla
y que con sus formas nos quite el miedo de mirarla de frente
y,
quizás,
más allá de las promesas, del futuro,
de todo eso donde ya no quiero que nos depositemos
quizás
nos permitan entender
como saltar la muralla
y vivir todo eso,
que me asusta,
que no se como es,
pero lo imagino contigo.