domingo, 10 de febrero de 2013

EMI-grantes ?


Recuerdo cuando se fueron cada uno de mis hermanos. Uno vivía en la Capital y comenzó a usar camisa, no así corbata, pero ganaba como un gerente. Le dijeron que se lo llevarían, que aprendería en otro puerto y el creyó. Hoy vive con su cabeza en su primer sitio, con su cuerpo, ya sin musculatura de nadador allá. La primera en irse fue la mayor, digamos que en mi familia el azar nos quiso ordenar, el Estado, que no dio un peso por ella cuanto tenía diecipico hoy la condecoraba con una banda presidencial y le pagaba un lindo avión que cruzó el atlántico, llegó a un puerto de palos, con ciudades de edificios construidas por un tipo que tenía ojos enfermos (y eso hizo que el mundo fuera como fue). Con los otros dos fue todo, más o menos, al mismo tiempo. Ambos emparejados, ambos de la Academia, ambos ovejas negras, aunque una rubia y la otra morena, de todas maneras no esquilados hace ya un tiempo. Uno llegó a las tierras de Rivera y Khalo, hasta se quedó en el mismo barrio, al otro, cuyo avión también pagaba un renovadísimo concertoso, decidió volver a lo de los conquistadores, la ciudad se olía antes de verse, no le gustó: pasó dos años sin que alguien lo abrazara de frente. El más bajito digamos, nunca hubo de usar pasaporte, sin embargo fue a un cerro tan alto que no llegaban los pobres, encontró el amor una vez y se preocupó de no perderlo, lo declaró al Estado para que no hubieran mal entendidos y cumplió con el contrato perpetuando su estirpe. El golden boy fue todo un hijo de ferretero; ahorró, aunque no lo suficiente, puso el talento, como muchos, a disposición del sistema, y pudo irse en poco meses, a vivir su vida, se convirtió en visita de la que era su casa. El otro, que alguna vez se creyó mayor que todos, interpretó bien el papel de enfermo, no encuentra trabajo, si esa fuera una activa protesta contra el capitalismo y el trabajo asalariado me pondría feliz, pero él pretende vivir con las comodidades de Mcdonalds sin pagar su hamburguesa. La otra, la que pudo haber sido yo, está dándose vueltas por el mundo, planea ocupar una casa, planea alguna vez irse como todos, planea y hace, por lo mismo asusta, le va a ir bien, seguro tendrá más complejo en entregar la inteligencia y el talento. Y entre mi mala cronología me he olvidado de él, que donó espermios solo para algunos pero ha sido el papá de muchos. Se fue antes de la veintena, más bien lo echaron, le dijeron la muerte o el extranjero y se arrojó a ser sudaca, llegó con un papelito con instrucciones en español, que no le servían en ese país donde no entendía ni un moco de alemán, no habló durante años, estudió una carrera, estudió los panes, se casó y tuvo  a dos niños que décadas más tarde serían tan emigrantes como él. Quizás fue su culpa, entre tanta adoración y búsqueda de respuestas en esa condenada enciclopedia naranja comenzamos a creerle el cuento que había que irse, no porque no nos gustara allá de donde salimos, que nuestros úteros diversos permanecieron en esa patria que a todos nos vale nada. Al principio no me creyó cuando le conté mis planes, me dijo que no me daría ningún peso. El Estado tampoco lo haría siendo tan joven y en la sucesión de una herencia salía perdiendo, súmale que de heredar, solo heredaríamos deudas. Me saludaba sábados y domingos, cuando partía a trabajar, me miraba con paciencia cuando yo fantaseaba con mi cruce de Cordillera, pero aquí no hay cerros que te señalen el Oriente y los ricos, entre cordillera y puerto hay pampa, e inumerables, realmente infinitas, plantaciones de soya. Partimos a la misma edad, digamos, que de una forma u otra, nuestras emigraciones fueron ideológicas, digamos que yo puedo volver y él no, desventaja para mí, yo tengo la comodidad a un vuelo de tres horas, la tentación del retorno sonriéndome desde una página web de sky o lan chile.

No sé si algún día volveremos a tomarnos una foto todos juntos, los 9+2. Ni el próximo funeral logró juntarnos, cada uno recibió la noticia- los números desconocidos nunca son nada bueno-. Quizás, deberíamos destruir esa fantasía capitalista que son las fronteras y las aduanas, aunque eso sería un acercamiento tan fantasioso como los pasos fronterizos. En casi todas las fotos de ese tipo yo salía con la mano apoyada en la nariz, cuando hablo de la nariz de la Margarita me dicen que mi nariz tiene personalidad y es linda, yo no alababo para desmedrarme, eso es lo que la gente no entiende. Algún día me ganaré el kino, como dice mi mamá, y haremos una reunión todos, estemos donde estemos, eso sí volarán en cabina económica, que dicen por ahí que mientras existan miserables en el mundo, el lujo es un crimen, y yo quiero ser criminal frente a las leyes, no de cara a los pueblos.

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