viernes, 11 de enero de 2013

las luces de Santiago

Tengo una ventanita azul lino, donde puedo mirar lo que hacen todos esos que alguna vez se dijeron mis amigos, no me molesta no salir, más me molesta trabajar, pero eso lo puedo hacer desde aquí, alguna vez sintieron que las cosas no iban bien ni mal, pero sin embargo algo faltaba y no era vacío o llenado? Como saberse menos que miserable pero no bastante para jactarse de estar contento, cuando menos tranquilo, sensación de que el mundo es un lugar que ni merece calificarse de aburrido, aunque hay cosas que en ese instante me diviertan, como despiojar palomas en la plaza de armas. No tiene mucho sentido, lo sé, pobre del xenofobo que diga que los peruanos ya las dejaron medio extintas, de los cullis podeís decir cualquier cosa. No me rehúso a aprender inglés, porque es tan idioma del conquistador como el eshpañol con el que les cuento mis inutilidades, Jhonny la gente está muy loca, all day, all night y sobre todo el day y los fin de semanas en vez de descansar mucho night. Tienen trabajos de 10 horas no contabilizadas en la jornada para pagar por gente que haga las cosas que ellos no han hecho por falta de tiempo. Como caminar en la distancia contraria unas cuadras más por la certeza de encontrarse una Gabriela en el piso, y con el mismo papelito valorizado pagar el taxi de vuelta. No necesito más explicaciones, eso sería de-formar al público, y la genética ya a hecho suficiente de eso en sus rostros, no se ría usted, como pensándose bonita, sin rasgos de pueblo, tendrá los ojos azules pero igualmente rasgados que el chico de más atrás, que se endeuda por estudiar teatro y a diferencia de usted ha llegado media hora antes de la función, no quiero martirizar al estudiante, más bien me desagradan bastante, sobre todo los de dramáticas, no me mire feo, chico de los ojos cincelados en mapudungun, solo que sus pares repletan las diez primeras sillas de los teatros y no tengo más público que ustedes, que recién se están dando la lata de leer a Stanislavsky, igual gracias por pagar la entrada, es como ser empaque de supermercado y pagarle, que sea gamba, a cada envolvedor que nos cruzemos, así esos oficios se mantienen por la buena voluntad de quienes esa labor mantuvo, al menos tenemos la voluntad de alguien, que si aunara voluntades en mis manos seguro al juntarlas terminarían en un sonoro aplauso. Y eso es lo que vine a buscar de ustedes, porque el dinero ya lo tenía por descontado, no sé si he cubierto sus expectativas, últimamente el trabajo anda tan escaso como los escupos en la garganta de una momia, mi ropa tan gastada solo puede cubrirme el cuerpo porque mis cueros gritan su hambre. No quiero victimizarme, que al menos el espíritu trato de tenerlo gordito, pero Jesús no se equivocaba, cuando le dijo a mi tocallo “el hombre no solo vive de pan” porque sobre el pan hay que poner un poquito de margarina, los días viernes una jamonada delgadita, luego hay que lavarse los dientes y hasta para hacer el amor hay que pagar, Jesús quiera que solo un preservativo barato, de esos que post evento te hacen pasar susto y no una trabajadora, que las Magdalenas jóvenes están casi tan caras como invitar a una chica linda al cine o a tomar helados. Ya nadie se invita a esas cosas, y al parecer es bien común que en estas salas vacías vengan a reunirse las nostalgias, ahora todo depende de cuantas piscolas perro podí tomarte antes de fumarte un porrito perro con una minas ricas perro de cua-cinco piscolas pa arriba perro, si tienen lindo pelo son pasables perro, pero yo no soy zorrón, soy un alfeñique, y no tengo auto, uso bicicleta, hasta me pongo casco y no me veo ni deportivo ni jipi, diría que hasta un poquito nerd, y los nerds, salvo Bill Gates o unas cuantas excepciones en Gringolandia nunca terminan nadando en sábanas, en una tempestad de mujer, amor y perfumes del cuerpo, solo bajan un juego muy antiguo y lo instalan en su notebook antiguo pero resistente, y engordan a punta de pizza y cerveza de litro, comiendo justo a las diez de la noche, para cultivar una cordillera entre el pecho y las caderas, justo a la hora en que quisiera que se apagaran todas las luces de Santiago.

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