lunes, 3 de noviembre de 2008

Nada y Todo

Ayer por la tarde vinieron Nada y Todo a tomar té. Ambos son parientes, lejanos, pero parientes igual, y son mis pretendientes. Decidí elegir a uno y por eso los invité a mi casa… Nada llegó con nada de ropa, Todo vino con todo lo que encontró en su closet; desde los calcetines más extravagantes hasta los más ridículos sombreros.

Todo me trajo todos los regaos que su billetera pudo comprar y todos los que cabían en su auto. Nada no me regaló casi nada, salvo por una flor con casi nada de pétalos y con casi nada de color.

Los dos se sentaron a la mesa, Todo me habló de todos los viajes que había hecho, pues había recorrido todo el mundo, de paso tomó todo el té que había. Nada no tenía nada que contar, pero inventó historias curiosas e irreales prácticamente de la nada.

Mientras Nada comía casi nada de pan Todo me hizo todas las promesas existentes para alguien que propone matrimonio. ; Todo me prometía todo, fuera posible o no. Nada no me propuso mucho, más bien no me dio nada por seguro, pero lo que si me dijo, aunque fuera poco y nada fue sincero.

Al final, cuando y eran como las ocho, llegó la hora en que yo debía tomar la decisión. Todo tenía todas las expectativas y Nada no se esperaba ninguna. Después de un rato les dije a los dos:

Ustedes me proponen cosas muy diferentes, Todo, me propones todo lo imaginable, Nada, tu me ofreces casi ninguna cosa pero cosas posibles. Créanme que el panorama es difícil pero he tomado una decisión: Prefiero alguien que me ofrezca nada y me de algo a alguien que me ofrezca todo y me de nada. Por eso Todo, puedes irte con toda tu totalidad, que yo no necesito de todo lo que tu me ofreces, yo quiero nada y Nada me lo va a dar.