Él no tenía la culpa, la tenía su nombre. Su vida era un poco más complicada que la del resto de la gente, partiendo porque lo ponían ausente muy seguido en el colegio, el profesor preguntaba:
-¿Quién está ausente?
-¡Nadie! – decían todos.
Y lo anotaban, entonces su madre le preguntaba porque no había ido a clases y él le explicaba todo. Después de un tiempo ella ya no se enojaba porque fue su idea ponerle ése nombre: Nadie, ¡vaya ocurrencia la suya!
No tenía amigos, es que a no muchas personas les agrada decirlo, imagínense:
-¿De quien eres amigo?
-De Nadie.
Y como no tenía amigos no había quien lo defendiera ante injusticias enormes. Si el profesor se enojaba porque algún alumno le jugaba una broma y preguntaba a la clase quien había sido, contestaban “Nadie fue profesor” y Nadie se llevaba un buen reto. O si la profesora de matemáticas interrogaba a la clase sobre un problema complicadísimo más de alguno respondía “Nadie sabe” y ahí tenía que estar Nadie, incómodo y completamente avergonzado intentando explicar algo que evidentemente no entendía.
Sus problemas no se limitaban al salón de clases, fueron varias veces que hizo el ridículo ante una niña, pues las escuchaba conversar:
-¿Quién te gusta?
-Nadie.
Y Nadie se lo creía, se hacía el lindo, juraba que tendría novia esa misma tarde, y las niñas se reían de él.
También en la calle y la ciudad tenía problemas, en una ocasión entró a un edificio en construcción que tenía el siguiente cartel:
ACCESO RESTRINGIDO
NADIE PUEDE PASAR
Pensó que era un lugar especial para él, comenzaba a creer que su nombre tenía ventajas después de todo, y justo se topó con un albañil que lo echó enojadísimo. Había intentado explicarle quien era, que él era Nadie pero el albañil creyó que le estaba tomando el pelo y le pegó.
Nadie lloró, solo a Nadie le importó, porque cuando Nadie llora al mundo en general le da lo mismo.
Llegó una vez a su casa, quería jugar con su pelota, pero ya no estaba, la tenía el vecino que le había preguntado a la mamá de Nadie de quien era la pelota y ella le había contestado: “De Nadie” Para el vecino Nadie era nadie y no el niño triste que lloraba nuevamente afuera de su casa.
Sus padres no lo fueron a buscar, tampoco lo llamaron, en verdad no lo querían, ya estaban cansados de él, eran los padres de Nadie, figúrense:
-¿De quien eres padre?
-De Nadie.
Era inútil explicarlo, los tomaban a ambos por tontos; afirmaban que tenían un hijo y al decir le nombre quedaban como verdaderos locos, olvidaban que a ellos se les había ocurrido tan original y problemático nombre.
Una vez fue a la plaza y conoció a un viejo que de tan decrépito y perdido que estaba no le importó que se llamara de esa forma. Luego Nadie fue a comprar helados, para él y para el viejo, cuando volvió vio como una señora se acercaba a su nuevo amigo y preguntaba:
-¿Es de alguien éste asiento?
-No (“no es de Alguien” pensó) es de Nadie.
Y la señora se sentó. El viejo olvidadizo como era no se acordó de Nadie. Pero Nadie si, se le cayeron los helados de la rabia.
Nadie se enfureció, mas al mundo no le importó, porque cuando Nadie se enfurece únicamente a Nadie le importa.
Otro día fue a andar en bicicleta, pasó media hora, una hora, cruzó la calle y lo atropellaron. Una señora se bajó del auto, le pidió disculpas y lo llevó a la policía, para que llamaran a los padres de Nadie. Llegaron a la comisaría y el policía preguntó:
-¿A quien atropelló Usted?
-A Nadie.
-Bien, entonces puede irse.
A Nadie le dolía la pierna, pero cuando a Nadie le duele algo solo a Nadie le importa, no le interesa ni al mundo, ni a la señora ni al policía.
Nadie caminó un día, decidió irse a su tierra, había escuchado a mucha gente mencionarla, decían que más al Sur era Tierra de Nadie. Anduvo por caminos, a veces por carreteras y caminos de nuevo. En uno encontró a una niña que lloraba, le preguntó:
-¿Quién eres y qué te ocurre?
-Soy Ninguna y mis problemas a Nadie le interesan. ¡Ándate!
-¿Sabes? Yo soy Nadie.
Ninguna le sonrió.
Nadie se sonrojó, Nadie era feliz, y cuando Nadie se sonroja, cuando Nadie es feliz, a Ninguna le importa.
2 comentarios:
(...)
-¿Quién eres y qué te ocurre?
-Soy Ninguna y mis problemas a Nadie le interesan. ¡Ándate!
-¿Sabes? Yo soy Nadie.
Ninguna le sonrió.
Nadie se sonrojó, Nadie era feliz, y cuando Nadie se sonroja, cuando Nadie es feliz, a Ninguna le importa.
(...)
nada mas, no se si te moleste pero aunque sea en codigo y no lo sepas me mostraste que es mejor hacer lo que sientes en el momento.y punto.
No es que me moleste pero como dice la canción no todo es tan fácil... de todo esto podemos decir que algo sacamos, así hayan sido un par de historias para contar en algunos años más... más que mal en Big Fish resumen la vida de una forma que cada vez comparto más.
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