domingo, 9 de noviembre de 2008

La Perfección y los Detalles.

Hoy no me levantaré de mi cama y usaré tapones ultra gruesos en mis oídos. Estoy segura que vendrán de nuevo, cada tres semanas santamente desde hace cinco años. Es la Perfección, la conocí en un baño público mientras me pintaba los labios, me dijo que estaban mal y cuantas otras cosas que hacían de mi vida algo imperfecto. Me contó que estaba casada con el Equilibrio desde el paleolítico, sí, la Perfección siempre ha existido, que no la podamos conocer es otra cosa. Ella tiene aire de estrella de cine, muy alta pero no demasiado, la cara sin ninguna arruga (sin duda un cirujano excelente), el cuerpo moldeado como la mejor top model. Es solo eso; la Perfección, ni más ni menos, para ser como es debe dejar los excesos. Tiene tres hijos: Los Detalles, el primero es el Detalle Mental, el hermano del medio es Detalle Mental y el último es el Detalle Emocional. Dice que el menor es el más problemático de todos, porque siempre convence a sus hermanos de hacer cosas que a los ojos de sus padres son un crimen. Los Detalles siempre fueron los niños problemas de sus clases, nunca terminaron el colegio la verdad, ahora viven en una casa rodante. Nadie sabe porque a padres tan “ordenados” les salieron hijos tan difíciles. Al principio asentía y le decía a todo que sí, con ella luego todo cambió.

El matrimonio Perfección-Equilibrio me visitaba a menudo, arreglaban mi casa cada vez, hasta se empeñaron en repintar un cuadro de Kandinsky porque las figuras estaban “mal puestas”, cuando me opuse dejaron de venir un tiempo y me sentí más libre.

Una tarde, mientras paseaba por avenida Nuncatermina me crucé con tres hombrecitos, eran raros pero simpáticos, sus ropas con hoyitos donde miraras asemejaban a un colador y calzaban botas como las del gigante de Pulgarcito. El primero parecía ser el mayor, tenía la barba mal cortada, era gordo, de piernas delgadísimas y pelo en mechones canos y rubios.

- Me llamo Detalle Físico, mucho gusto.- me sonreía con sus paletas amarillas.

El segundo en acercarse miraba desconfiado a todos lados, la polera la tenía al revés y sus ojos me recordaron a los de La Locura.

-Llamo yo Mental Detalle.- me miraba nervioso.


El tercero era el de aspecto más corriente entre todos, pero había algo en su caminar rarísimo. A cada paso cambiaba su postura; a ratos parecía el dueño del mundo y después un vagabundo al que pateaban constantemente. Las expresiones de su cara eran variadas, pareciendo un enamorado o alguien que morirá mañana con gran facilidad.

- Soy Detalle. – me sonrió.- Emocional.- soltó unas lagrimas.

Me cayeron tan bien que los invité a comer al Mcmierda, un local que apareció de la nada en la ciudad y que según dicen era una gran cadena de comida rápida hasta que descubrieron que su hamburguesas estaban hechas de ratón. La carne de rata es de mi agrado, es solo un cuento de gustos. Apenas nos sentamos a comer Detalle Emocional empezó a reírse tan fuerte que una pareja que una pareja de la mesa de al lado nos pidió silencio. Todos enmudecimos: la mujer que besaba a un hombre de pelo enmarañado y camisa arrugada era ella, la Perfección.

El escándalo que se formó fue inmenso; Los Detalles discutían con su madre a gritos, mientras tanto yo los miraba con cara de no querer estar ahí, el hombre observaba atónito el espectáculo.

Sigo en mi cama, falta media hora para que le lleguen… Los Detalles y la Perfección ya no son mis amigos, viene a venderme seguros de vida (o formas de vivir) pero ellos conmigo fueron falsos, creo que todos lo somos mas ellos no pueden influir en mi vida de esa forma. Resulta que Los Detalles nacieron iguales, rubios y de ojos azules, bien bonitos pero el crecer los convirtió en lo que son. El Equilibrio no pudo soportar el engaño de su esposa y terminó por suicidarse, que su vida se tambaleara un poco era para él inaceptable. La Perfección en verdad no existe, al menos la mujer que vi esa tarde en el Mcmierda no era perfecta, era una mujer como cualquiera. El hombre que la besaba es el Desorden, ahora está en la cocina preparando el desayuno, lo hace todos los Domingos, aunque a veces confunda el café con el té y me de vinagre en vez de limonada. Yo me enamoré del Desorden y el se enamoró de mí, no estamos casados, somos muy desordenados para eso, casarse implicaría ordenar muchas cosas que preferimos que se queden como están. Los lunes barremos y aspiramos un poco, no se puede ser de un solo color todo el tiempo, eso es imposible. No tenemos una relación perfecta, más bien una relación desordenada. Ahora veremos una teleserie venezolana, nos gustan pero solo por un rato, presentan esos enredos que nunca se entienden y como los Diegos Armandos y Marías Ángelas gritan tan fuerte nunca escuchamos el timbre, que de seguro tocan Los Detalles y la Perfección durante horas.

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