¿cómo
se interpretan los silencios? La fila india de negras amenazaba con convertirse en una estampida de corcheas, rematarían en una rutilante
blanca sostenida... ¿son los silencios puntos seguidos que mi
ansiedad triplica? Hay silencios que nos gustan, como un grupo de
mimos jugando un partido de waterpolo, otros, como el que
vuelaterriza el Parque Centenario (ha barrido los gritos de niños y
cervezas febrerianas que ya nadie puede beber). Con las rejas solo se
cuela el silencio que habita las linternas de la policía metropolitana. Hay silencios terribles, como el de los pibes que un
día salen de sus casitas al ciber y terminan durmiendo en Chacarita
como si Nadie Nunca más los hubiera buscado.
El
silencio de las ambulancias me alivia, el de mi mamá hace no tanto,
también. Ahora hecho de menos su hemorragia discursiva y sus
cartelitos con nuestros nombres en los platos de comida descongelada.
Hay silencios que no pueden ser, como el del mundo trás el baile de
bombas y escombros envueltos en Gaza. Sin embargo, ese calladito el
loro suyo, esa orquesta de sordos mudos que dirige, a mí me
convierte en Sherlock Holmes (sin tanta capacidad de análisis) En
Superman (carente de kriptonita) o un Batman pero nacido en la villa
sin los superpoderes que la herencia de papi y mami pueden comprar.
Soy Mafalda bañada en sopa sin frases ocurrentes sobre el mundo...
Entre su silencio, como ópera en 4 actos, de la que no se exhiben ni
se entrega galantemente el programa que te cuenta que carajo estás
viendo, ahí entre medio viene rugiendo a mil sonidos de cortezas de
árboles arrancados para plantar soja, entre las cotorras y pumas,
viene rugiendo mi Amazonas de relatos y buenos días y viajes en
trenes sin boleto.
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