jueves, 23 de octubre de 2014

sin boleto

¿cómo se interpretan los silencios? La fila india de negras amenazaba con convertirse en una estampida de corcheas, rematarían en una rutilante blanca sostenida... ¿son los silencios puntos seguidos que mi ansiedad triplica? Hay silencios que nos gustan, como un grupo de mimos jugando un partido de waterpolo, otros, como el que vuelaterriza el Parque Centenario (ha barrido los gritos de niños y cervezas febrerianas que ya nadie puede beber). Con las rejas solo se cuela el silencio que habita las linternas de la policía metropolitana. Hay silencios terribles, como el de los pibes que un día salen de sus casitas al ciber y terminan durmiendo en Chacarita como si Nadie Nunca más los hubiera buscado.
El silencio de las ambulancias me alivia, el de mi mamá hace no tanto, también. Ahora hecho de menos su hemorragia discursiva y sus cartelitos con nuestros nombres en los platos de comida descongelada. Hay silencios que no pueden ser, como el del mundo trás el baile de bombas y escombros envueltos en Gaza. Sin embargo, ese calladito el loro suyo, esa orquesta de sordos mudos que dirige, a mí me convierte en Sherlock Holmes (sin tanta capacidad de análisis) En Superman (carente de kriptonita) o un Batman pero nacido en la villa sin los superpoderes que la herencia de papi y mami pueden comprar. Soy Mafalda bañada en sopa sin frases ocurrentes sobre el mundo... Entre su silencio, como ópera en 4 actos, de la que no se exhiben ni se entrega galantemente el programa que te cuenta que carajo estás viendo, ahí entre medio viene rugiendo a mil sonidos de cortezas de árboles arrancados para plantar soja, entre las cotorras y pumas, viene rugiendo mi Amazonas de relatos y buenos días y viajes en trenes sin boleto.

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