miércoles, 8 de octubre de 2014

Reunión de jueves.


Él era antiestético
cuando digo “él” digo Néstor.
Eso sí, sin mirar al cielo y promulgar llanto.
Ser tuerto no es muy estético que digamos.
Hablamos de las masas y la cultura y de todos esos textos que nunca vamos a alcanzar a leer.
Yo,
soy feliz con tan poco;
por ejemplo,
me divierto con la crueldad blanca de amagar que atropello palomas en bicicleta,
o imaginar formas bizarras de ser basura con autoridades que solo saben autorizar la miseria,
o intentar escribirte un poema por cuarta vez en la semana,
mientras los compañeros me miran con aprobación,
como si estuviera tomando un regimiento de apuntes.
Todos dicen “perdón”
acto seguido una apreciación coherente,
yo intento una:
perdón,
pero sos tan lindo que ya es falta de respeto.
Lo más horizontal de esta organización soy yo,
acostada sobre dos sillas mientras la reunión transcurre.
Un chimpancé comiendo un asado,
un cheto-boludo simulando que lee a Borges,
una empleada del ANSES depilándose las cejas mientras atiende el teléfono,
un vendedor de panchos del Sarmiento que se le acabó el aderezo,
todos los que se pintaron de bandera en vez de pueblo
(y se tragaron todita la de “la revolución es imposible, lo nación-al es lo que garpa”)
un arbolito que ahorre en pesos,
un turista que venda dólares a precio oficial,
Kicillof proclamando patria haciendo la promo 300x1 a una bandada de pajarracos,
un chileno vendiendo viajes a la playa en La Paz,
una chiquilla cambiando todas las os por x en un comunicado sobre la opresión a la mujer,
un estudiante trotskista hablandole a un laburante como si ambos llevaran cursada media carrera de sociología,
Cristina hablando de la deuda soberana como si un pueblo bajo dictadura pudiera ejercer soberanía,
Moyano y Barrionuevo jugando al ping pong el día del paro...
ellos, todos ellos,
están menos en cualquiera que yo,
cuando,
intentando tirarte onda,
escribo:
parece que pa encontrarte tengo que pedirle ayuda a la CIA...
anti-a-mén

(que así -no- sea)

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