jueves, 25 de abril de 2019

los colas de Hospicio

los colas chicos
en medio de la pampa
donde el mar de estudiantes
saliendo de sus penitenciarías
los evade como a dos rocas
donde rompen
las olas de comentarios

caminan tan simétricos
en un medio abrazo
tan congruentes y bellos
con el mismo uniforme
verticales y llenos de oxígeno
frente a la horizontalidad
entregados como arena
en el roce de la tela del pantalón gris

ser cola de chico:
te respeto en miles de metros de altura
ser un chico cola:
kilómetros de seca hostilidad
te esperan

ellos si aprendieron
eso de amar al semejante
se deslizan como el frío
cuando el sol cae como sus manos
en los bolsillos del polerón del otro
se deslizan mirándome
sonreírles
espero que entiendan
que también soy cómplice
que yo hubiera querido ser
algo así como cola de chico
pero en mis pronombres.
Yo hubiera querido tener
catorce y el valor
de no encajar en ningún lugar que
me  ofrecieran

y amar adolescente
fuera,
como los dos cabros colas de Hospicio,
que ante la amenaza
no se dispersan
no se derraman,
solo caminan,
porque en el desierto
no hay árboles

que deban imitar.

miércoles, 10 de abril de 2019

Carbonizada



Me dejaste muy llena
de todas las formas del deseo
de todas las ansiedades
un estado raro.

Sabes que piso fuerte incluso sentada
que para mí la poesía es un hecho rítmico
que no recuerdo ninguna palabra del poema
que me leíste
pero si el aire entrando como un ventilador turbo
o spoiler de tormenta
atravesándolo todo
menos a tí

con musicalidad alienígena
sin la idea xenófoba
que lo extra planetario viene a invadir
con el cagazo que podría darme
o al menos la resistencia
de saber
que todo lo que por primera vez miro
lo idealizo.

Y te estuve observando fuerte.

resúmeme la noche
en una palabra
que me haga tanto sentido
como la extraña cualidad de la piel de tu espalda
que se nombra del viento
y eran brasas
a las que dormí
abrazada
por suerte pocas horas
pues entre tanto deseo
temía
que mis huesos
al chocarte
cayeran,

carbonizados.

cuestión de despedidas


El último mes
me despedí de todas las personas que veía
porque quien deja un país una vez
sabe que todo va a ser
demasiado rápido
para que las planificaciones
compitan y venzan
el incomprensible ritmo
de la vida.

esta vez
por convicción
casualidad
o sabia experiencia
puse cuidado
en despedirme
dejándome fulminar
pero una vez
que me iba
no volteaba la cabeza
sabía que se me habían caído
las personas que quiero
en el pecho
que por mis poros órganos
drenaron
para quedarse en mi espalda.

Y entre mis vértebras rotadas
mis ideas torcidas
vivía
mi única casa posible:
yo sola arrastrando
mi propia historia
yo sola dejándome
atravesar.

Personas más verbos



Miro a mi hermano enojado
porque su hijo
como todos los hijos
sabe interponerse y dar vuelta
los planes de sus padres.
En fastidio vuelve a su casa
a comerse la rabia mientras
lo mece con gestos tiernos.

En la noche podrá reclamarle
a adulta
la desprolijidad de no enviar
suficiente leche.

Contemplo a la mujer que amé
enviando watsaps
a una personita
que le tiene el tórax lleno
de nerviosas sensaciones lindas
soy una más de las que le pregunta
qué hacer
cariñosa aconsejo
esperando que sepa
que el error más grande
es tener miedo.

Miro a la chica centenial
que me gusta años luz
cuando no le habla a sus fans
cuando no se expresa
en dialecto influencer
me gusta años luz
cuando escribe su balcón
frente a mí
desnuda con ropa
toma whisky
siento
que podría añejarme 10 años
sin parar
de espectar
la.

Abrazo dormida a esa amiga
de la que me habría enamorado
pero me agarró en plena
revisión de mi propio imperio
de la intensidad.
La quiero más así
cuando me deja respirar
su vulnerabilidad
y partirnos como rocas.

Contemplo desde la
TV montada en mi cráneo
esas películas que rodé
para explicarme
que eran
las personas para mí
y ellas
desde sus rollos
me devuelven la toma
confirman
que las quise
en variados
templos verbales
y aún así
no podría
nunca

pertenecerles.