lunes, 21 de marzo de 2011

Los Macs

Cuando miró el ojo azul verdoso entreabierto tuvo noción de lo ocurrido, no magnitud, eso tardaría en llegar, lástima que su mente funcionaba mejor con la rabia, no podría pensar en una buena solución de aquí a las dos de la tarde. Al menos ya no temblaba, la tensión se había esfumado en cuanto las manos terminaron de crisparse, nunca había usado collar, eso había sido una ventaja, aunque ahora que lo pensaba, podría haber centrado su vista en unas perlas o un cuero de feria artesanal y así no tendría que haber visto esos ojos desorbitarse, mirar una luz y quedar entreabiertos, como paloma devorada por moscas. Aún no tenía el tronco tieso ¿cuánto se demoraba n? abrió la ventana para dejar escapar el mal olor, se arrepintió, los vecinos podrían olerla, volvió a arrepentirse, los vecinos se habían ido de vacaciones antes de ayer y no volverían hasta quince días más. ¡Qué lástima! No saldrían en los diarios sensacionalistas exhibiendo un escáner de su personalidad, cuando el hecho fuera noticia (y no tardaría en serlo, apostaría a que saldría en el noticiario de las diez, donde sustituirían las tomas de playas populares con tipas guapas por una crónica morbosa que harían picadillo en el matinal) ellos estarían lejos y quizás agradecidos de no haber visto nada. Solo faltaba una hora y cuarto para las dos, no se esmeraría en ocultar lo ocurrido, lo que sin duda sería más escalofriante para todos en la casa, Juan lloraría furioso y trataría de matarla, una seguidilla de asesinatos, si podrían hacer una película, la mamá se limitaría a llorar, abrazando el cuerpo, el papá sería el de la reacción más sabia o tal vez justo lo encontraba sin paciencia y corría a buscar el bate y sálvese quien pueda, en una de esas la encerraba en la pieza y llamaba a los pacos, racionalmente correcto, predeciblemente predecible. Pensó que sería mejor ahorrarse las escenas, muy venezolano para su gusto, preferiría que persiguieran un asesino fantasma y las lloraran a las dos juntas, brillante decisión y sin un rastro de rabia, estábamos mejorando, lástima que fuera demasiado tarde. Silenció ambos celulares, acto seguido fue por la silla de ruedas, otro hecho lamentable: no podría seguir con la obra, el papel de inválida era interesante, muy Sthephen Hocking que su personaje fuera excesivamente brillante pero bueno, no le costaba aprender un par de datos freaks que descolocaban al espectador con ignorancia promedio. Con muy poco esfuerzo la sentó en la silla, el ojo seguía medio abierto, buscó los lentes de sol en el baño, se los puso, le cerró la boca, estaban listas para pasear. Tomó un taxi en la esquina, el mismo taxista, que se esmeraba en ser un doble de Elvis Presley, guardando proporciones, la subió. Va callada, tiene necrolepsia, ¿y eso sería?, se queda dormida en cualquier momento en cualquier lugar, por eso la silla, exactamente. Bajaron cerca de la ex casa de los abuelos, a la muerte de él la vendieron y la mandaron a un departamento, lástima, pese a que casi se había ahogado en la piscina la casa era de esos espacios infantiles donde al parecer todos se esforzaran porque no tuvieras traumas ni malos recuerdos. Qué suerte que había rambla, se preguntó si estarían abiertos, si y baratos, el precio le daba lo mismo, nunca había tenido demasiado interés por el dinero, que irónico, pensar que fue pro trabajo traducible en dinero que empezó la discusión. Decidió dejar la silla a un lado, pasó uno de los brazos por su hombro y la cargó hasta la boletería. La mujer la miró de arriba abajo, dos adultos, no dijo nada más y la mujer ni si quiera miró el citófono que comunicaba con seguridad, que agradable la gente que no hacía preguntas. Se subió en un huevo verde blancuzco, falsamente fluorescente. Se tambaleó como barco pirata mientras se acomodaban, quedaron frente a frente, una vez hubieron avanzado unos metros y comenzaron a elevarse le quitó los lentes, era preciosa, que lástima que no hubiera donado sus óvulos o algo así, habría más gente linda en el mundo. Tenían un futuro esplendoroso ahora que lo pensaba, no habían hecho un montón de cosas, pensó que no había cambiado el mundo y se rió en voz alta ¿qué mierda era cambiarlo? Uniría a su familia en post de un abogado, un juicio, un horror en el servicio médico legal, al menos cambiaría tres realidades, era suficiente para alguien de menos de una veintena. Pensó que no había dejado una carta, más que mal sería un suicidio y era la oportunidad para escribir algo que si o si todos leerían, suerte que la sobrina no tenía uso de razón, podía ser una historia que les contaran cuando fuera más grande y retorciera fundiendo su cerebro adolescente con nuevas fantasías criminales producto de la frustración o el aburrimiento. Quizás se obsesionaba con la idea y recorría las bibliotecas buscando todos los diarios de esos meses, que importaba, faltaban dos años para el fin del mundo o eso postulaban en youtube y lo que dice youtube, tiene que ser verdad. Examinó el interior del teleférico, multitud de tags y filosofías con plumón, se paró en seco (así todo no estuviera moviéndose) ahí en un rincón, entra un Jano y Lucha estaba su propia escritura, de siete años atrás. …. Estuvo aquí y a la izquierda, con mano temblorosa y letras grandes el nombre de ella. Que buena tarde había sido esa, no habían podido entrar al zoológico pero habían rodado por el pasto del cerro una hora seguida. Que agradable era el cansancio que venía después de jugar, era más fácil reírse, pese a las provocaciones y las continuas bromas, que a veces, pasaban la cuenta. Tenía que concentrarse por última vez, el recorrido podía terminar y no tendría tiempo de tirarse. Cien metros más y llegarían al trecho más alto, abajo solo rocas gigantes, no sería un cadáver bonito, entreabrió la compuerta, arrojó los celulares a modo de prueba, los vio caer pero no hacerse añicos. Se quitó las zapatillas, a alguien le servirán, error, tenía que parecer un asesinato, no se las daría tan evidente, nunca había subestimado la sagacidad de la gente, la tele creaba detectives y todos veían tele, se las volvió a poner, adelantó un pie al vacío, cincuenta metros, un temblor le recorrió la columna hasta el coxis, ella solía burlarse de su dolor de coxis, haciéndolo soportable, al rato ya le daba tanta risa que podía olvidarse del dolor. Lo único que le dio pena fue tener que separase ahora, sabía que si había algo parecido al espíritu estaba encadenándose al cuerpo, esperando la muerte conjunta, entonces abrazó el cuerpo, con el brazo libre abrió completamente la puertecita y se lanzó de espaldas. Había sido la curiosidad inconsciente, nunca filmaban en las películas lo que quedaba detrás cuando alguien caía, pensó que pasaría si caía y no moría, si el golpe la dejaba completamente paralizada pero viva, por primera vez sintió algo parecido al horror, recordó de pronto algo ¿cuántos segundos tardaba uno en estrellarse? Si eran dos nadie podía imaginarse todo lo que se puede pensar en los últimos dos segundos, si uno sabía caer no se quebraba, si el cuerpo resistía el golpe se quebraba entero, se aferró al cuello inerte de su hermana y se hizo detestar la idea del suicidio, la piel se movía hacia arriba, por el roce del aire, iba a tocarse el labio cuando su espalda tocó el suelo y no alcanzó a escuchar el crujido del golpe, lo último que vio fue el pelo de su hermana empujado hacia arriba por efecto del aire. Y e último pensamiento lo dedicó a la hipotética situación de una nueva discusión en alguna nube solitaria, porque sabía que podría matarla y matarse hasta la eternidad y siempre acabarían juntas, inertemente abrazadas para siempre, desde siempre, desde el útero.

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