miércoles, 26 de junio de 2013

cómo dólar blue


Yo quiero un amor como el dólar blue, para que en verano ande por los cielos y me lleve con él.
Uno con ese misterio de arbolito de Florida, que tenga cara de mafioso italiano-latino, para imaginármelo guapo como un hijo perdido de El Padrino
un amor en negro, vale decir mi más oscuro lado libertario, vale decir corregimos; libre.
que lo anuncien los diarios solapadamente como anunciaron los militares, uno trás otro sus golpes, en esa triste década que fue el setenta.
un amor tan popular como el dólar blue, respetado por la comunidad que pregunta siempre por su salud y temido por los primermundistas que se infartan si no tendrán suficientes para usarlos de ropa.
no obstante, hay veces que quisiera un amor como el dólar oficial, tranquilo, estable, manso como tarde de Domingo tristón,
con esa brisa de eternidad de pizarras de Escuela, a las que se les han mostrado los ciclones de palabras y han elegido el silencio.
oficialísimo y porteño, para presentárselo a mi madre y que le cuente a sus amigas que ando con un argentino mino,
con máscara de serio y maduro (aunque sea una broma descascarada y descarada) para que mi papá le hable de política, de lo que hacía a mi edad , le cuente como el exilio le pudrió los sueños y  de su postmodernismo de hoy, para que mi dólar oficial sepa fingir interesarse y terminen emborrachándose con un whisky y no con la pueblopiscola.
y tendría la seguridad planificada, de saberme con las mañanas habitadas y los abrazos estacionados en la puerta de la casa.
sin embargo las pasiones se suicidarían en lo que canta un discurso,
el Imperio tercermundista sin conquistas extraterritoriales (solo pérdidas de soberanía puntuales) lo defendería a fuera del Congreso por cadena nacional
no hay nada que podría desilusionarme más que un soldado descamisado,
que no es lo mismo que un soldado sin camisa
por eso sobornaría dos comisarías y media a fin de poder pasar a verlo,
depositarlo en las manos de un Sr. Luis o Marianito que repiten como padre nuestro dólares reales cambio
o dejarlo meses y meses debajo de mi colchón, mejor en mi colchón,
sin sacarlo al Microcentro,
solo amándome con turbulencia de crisis capitalista,
agradecido que no lo cambie ni de él me desprenda,
por más que eso me cueste la pobreza temporal injustamente padecida en meses fríos,
y con su cara de gringo de hace doscientos años,
me sonreiría desde dentro del tarrito del placard
y saldríamos de joda lo justo, solo a fiestas hispters en bares palermeros descontextualizadamente ubicados en La Boca,
armaríamos unas mezclas mejor que las de ese dj que no sabe ni poner cumbia,
borrachos de nosotros mismos, a salvo de cualquier estadística o predicción fatalista de antipático economista,
invernaríamos en esa microrealidad, efímera como todo, egoísta como seudo anarko-punky-okupa
un amor como dólar blue es un acto subversivo
es una acción político-poética
un descaro inmenso y eterno como el hundimiento del Titanic
como escribir sobre amor sin estar enamorada y andar como pueblo llano,
ignorante hasta de los candidatos.
un hecho inexplicable, como, volviendo al Titanic, la imposibilidad que una madera resista sobre sí el peso de dos personas,
la simple comodidad de la estabilidad nos llama como imán roto,
rota de siempre la melodía del saxofón de mi garganta
como sentido común instalado,
instalando la lógica de la conveniencia de amar dentro del Estado,
verdad de espejismo, yo prefiero,
mi amor como dólar blue,
aunque en el momento de las elecciones por simple populismo,
ambos lleguen al trato de igualarse,
y se me confundan sus identidades haciéndome dudar la estrategia,
yo reitero, yo prefiero, un amor como dólar blue,
derrochando comprensión,
que ande como yo,
conflictuado y de muerte con esto de lo electoral,
pero que ascienda como avión acróbata en Octubre o Mayo
los meses de todas esas revoluciones donde siempre quise estar,
y que me de un beso de primero de enero,
 pero del año 59.


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