S: You can stay
A: No entiendo esperanto.
S: Podrías quedarte.
A: Podría
S: ¿has bebido té sangriento?
A: Siempre hay una primera vez
S: Recítame el poema del otro día
A: Los sonetos?
S: Los de sílabas incontables, los de versículos y no versos, los que te calan profundo y no sabes de qué tratan.
A: Estás muy cuerdo esta tarde
S: Siempre hay una primera vez
A: A veces pienso que la loca soy yo
S: Es ese el poema del otro día?
A: No… cuando me miras mis ojos son llaves, el muro tiene secretos, mi temor palabras, poemas, solo tú haces de mi memoria, una viajera fascinada, un fuego incesante.
S: ¿vamos a saber existir fuera de este diálogo?
A: He llegado a la conclusión que lo único que existe son las palabras
S: Las palabras me han engañado, no es tan fácil como llegar y beberte.
A: Son las únicas que pueden dar cuenta que algo se ha asomado a ser
S: Es cierto, eso pasa cuando la gente no se ha apresurado en inventar la televisión
A: Volviendo a tu petición
S: ¿CUÁL PETICIÓN?
A: La de quedarme
S: ¿te vas?
A: Supongamos que me voy solo para aprender el camino de vuelta
S: Si no te vas nunca no hay necesidad que ensayes un regreso
A En ir probando imposibles está la construcción de la realidad
S: golpe bajo (nunca he sido real)
A: ¿y si damos el paseo juntos?
S: ¿Quién se dedicaría a ese incesante primordial absurdo de asesinar el tiempo con cada taza?
A: Podrías dejarle el trabajo al Conejo
S: É pretende encarcelar al tiempo en una esfera con números, debemos encontrar una carta que llore una alegría sobre tu taza, la carta debe ser negra, si no, olvídate del té.
A: Tú famoso té sangriento, allá también hay horas.
S: En tu mundo el tiempo está muerto porque la gente se ha dejado morir
A: Entonces, no nos dejemos morir nosotros
S: Es muy tarde: todavía no nazco.
A: Podría congelarme, esperar que nacieras y darte una mamadera de tu condenado té.
S: El té sangriento es solo para aquellos que no han sangrado nunca
A: Yo si me he cortado subiendo árboles
S: Mas nadie te ha cortado aún las alas
A: Supongo que no, aunque no estoy segura de tenerlas
S: Se asoman por tus omóplatos, siento la viscosidad de la oruga, desplazarse terroríficamente
A: ¿te dan miedo los bichos?
S: Solo los que fuman y hablan como…
A: ¿cómo si hubieran violado a un pueblo genocidiado?
S: Exactamente. Extrañaré que alguien entienda lo que quiero decir antes que me decida a explicarlo.
A: La oruga busca el número impar de cada década
S: Debes irte antes que amanstardezca.
A: Si matas al tiempo de una vez nunca será muy tarde, no tendré que irme nunca.
S: Eso sería renunciar a mi única convención, ya ves que estoy peligrosamente cuerdo, seguramente loco.
A: ¿Siempre has hablado con tan mala ortografía?
S: Ay niña, cuando decidí dedicar mi eterna hora del té a matar el tiempo comencé por los siempres.
A: ¿Y los nuncas?
S: Nunca me interesaron. ¡Alicia?
A: ¿sí?
S: Podrías quedarte.