martes, 21 de julio de 2009

Bajo el aguacero

Hasta de las ventanas cae agua, se empañan con al calefacción encendida y ya no es necesario frotarse las manos, se secaron, no usamos crema y ya no sienten nada. Mira – me dijo el de chasquilla- es como si fueran las seis de la mañana… pero no, son las seis de la tarde y hay un montón de movimiento en la ciudad, todos gritando, techos enteros de puros paraguas agalopados uno al lado de otro, adolescentes histéricas cuidando el alisado de su pelo, adolescentes hippies que poco les importa mojárselo… todo está sobrecargado de gritos y saturado de luces que te hacen pensar que será el último día del mundo y aunque haya sido normal le sacas lo peculiar hasta de los olores. Pareciera que ando caminado por las calles de un Berlín, en un Berlín comiendo berlines y planeando mi próximo viaje a Perú, según mis cálculos voy a vivir en los semáforos toda la media y me llenaré la mochila de plata, agarraremos la guitarra y nos meteremos en el primer tren que nos lleve al Altiplano, luego nos pasaremos a Bolivia y porque no comprarse una moto (o un monociclo más adock) e irse a recorrer el continente… ya no me importa que las eses estén solo para las efes y no para las ges, la decepción la quitó aene simplemente diciendo – y que vas a hacer con eso? No puedes hacer nada, nadie en el mundo lo haría- que sabias palabras, asentir y seguir dándole, que la vida no se termina con un par de sinsabores. Y todos se han olvidado por diez minutos que la recesión, los tres nuevos presidentes, que si la tierra se hundió en diluvios hace miles de años hasta congelarse ( o era al alvere???) hoy la secará el sol (y no tenemos suficiente bloqueador que lástima) que los precios suben y los sueldos no, que una pandemia mundial nos terminará matando a todos, que en esta vida todos creen que nadie tiene condenada la felicidad y es al revés, vivimos porque queremos y el que no que se suicide y deje de aguar (para variar) la fiesta. Y a mí que se me había olvidado porque encontraba tan maravillosísimo el invierno. Pero si sé desde hoy, que en esta ciudad raramente bullente, me perdería por siempre.



(d junio)

miércoles, 8 de julio de 2009

cuecon-ta





5 días hábiles, siete hábiles+notanto... dos, casi tres para puro decir que existo.

Declaro públicamente que mi cama es mi religión.