domingo, 21 de junio de 2009

E l monstruo azul

Que suerte que es gordo y usa pijama de franela, medio dormido es fácil meterme a su cama. Yo juré que no me pasaría nunca más, pero me voy en el sueño como dicen y cuando despierto estoy todo mojado, con la piel pegajosa y un frío de campamento. Por eso me desvestí y me vine a la cama de Nico, tengo que dormir pendiente eso sí, porque antes que él despierte tengo que acostarme en mi cama y simular que he estado ahí toda la noche, de seguro me gano un par de gritos y tengo que ayudar a tender mis sábanas, además de vigilar que el colchón se seque bien al sol. No hay actividad que encuentre más estúpida que esa, hasta justifico eso de lavarse las manos antes de comer, mas esto le gana en lo absurdo. Para mí, esos tres cuartos de hora como les dice la tía Filomena, son tres cuartos de siglo, aunque no tengo idea que son tres cuartos imagino que debe ser una cantidad enorme de tiempo. En todo ese rato juego con Javier, yo siempre elijo a que jugamos porque yo soy el mayor, él es solo un niño de 4, yo ya soy un hombre de 5 años y medio. Lo que más me gusta es la escondida, generalmente la cuento yo porque Javier es pésimo buscando, en cambio para correr es rapidísimo, si jugamos a la pinta es imposible tocarle un pelo, Cuando nos cansamos conversamos un poco y le cuento sobre esta casa, porque las tías dicen que no quieren ver a desconocidos dentro y la vez que les presenté a Javier se limitaron a mirarlo como si vieran un espacio vacío. Desde ahí que está algo ofendido y solo juega conmigo en el patio, ahí es donde conversamos sobre su casa, él vive con su familia en una casa con antejardín y que en el patio trasero tiene un estupendo arco de football, yo vivo en este lugar desde que tengo memoria. Supuestamente estoy aquí para que un papá y una mamá vengan a buscarme y me lleven a su casa, pero eso nunca ocurre. Las mamás y papás que llegan siempre se van a la casa de muñecas, es esa pieza gigante donde hay que estar en silencio, hay hileras e hileras de cunas con muñecas parlantes que se les ocurre llorar en las horas más insólitas. Las tías no me dejan entrar allí porque dicen que las puedo asustar, yo imagino que son las muñecas más bonitas que existen, es cosa de ver lo contentos que salen los papás, algunos llevan una muñeca en los brazos, otros vuelven semanas después y se llevan otra, por eso yo no puedo entrar, la verdad es que debo ser bastante feo. Eso me dijo una vez Nico, cuando durante una noche en que no podía quedarme dormido le pregunté porque a él y a mí nunca nos venían a buscar, se quedó callado un momento y pensé que ya había caído pero me dijo “Por que eres realmente feo, Gaspar.” No me molesté en recordarle que por ese día me llamaba Pedro, Gaspar era el nombre de ayer, solo traté de quedarme dormido y no pensar más en eso.
Al despertarme, tenía las manos de Nico sobre mi cara, inspeccioné sus ojos y por la ausencia de brillo supe que estaba furioso, era inútil intentar defenderme, sentía que me dolía todo antes de que empezara y mirándole sus brazos se me ocurrió la genial idea de morderle uno. Su piel tenía un asqueroso sabor y cuando se apartó le tiré algunos pelitos del brazo, atiné a correr hasta el baño, echar llave y sentarme en el water. Sentí sus pasos afuera y unos golpes recios en la puerta ¡no pienso salir! Le grité con un valor que había sacado quizás de donde, me esperaría, lo que no tiene de inteligente lo tiene de paciente. Saludé a mi mellizo del espejo mientras me lavaba los dientes imitando a John Icelits, el tipo del comercial de dentrífico con los dientes más perfectos de todo el mundo. Espié por la cerradura y vi un pedazo del pijama de Nico, tonto pero persistente, no había que hacerle, salvo que… subí al borde de la tina y me encaramé hasta la ventana, las baldosas estaban húmedas y me podía resbalar, y eso dolería más que mil patadas de Nico, así que subí el pie que me faltaba con cuidado y me quedé de rodillas en la ventana, si no pensaba en caerme de seguro no pasaría. Se veía muy alto, y ahí estaba Javier, haciéndome señas para que bajara, entonces cerré los ojos y me tiré con las manos tiesas… caí en algo blando y mojado, tenía un olor raro, uno que conocía demasiado bien, era… me paré asustado, mis piernas habían estado debajo de ese monstruo que tenía mi toalla y posiblemente se había comido mi cama esa mañana, porque a eso olía. También se había comido a Nico y había dejado el pijama para despistarme y ahora me devoraría si no corría a avisarles a las tías. Le grité el mensaje a Javier y se fue como flecha a la casa de muñecas, yo lo seguí… Todo pasó muy rápido, al entrar la risa fue general y cuando comencé a explicarles a todos que un monstruo azul gigante se había comido mi cama, también a Nico y a mi toalla, que venía para acá a comerse a todos y había que defenderse, continuaron riéndose. Entonces se escuchó el ruido de la manilla girando y yo les dije a todos que el monstruo venía, entonces apareció Nico en el umbral de la puerta. Salí de la casa para buscar a Javier y contarle lo ocurrido, que Nico había matado al monstruo desde el estómago y nos había salvado a todos pero no aparecía… dos mujeres se me acercaron, una me miró y me preguntó como me llamaba, entonces decidí que por ese día me llamaría John, ellas me dijeron sus nombres pero me acuerdo solo del de Úrsula. Me preguntaron quien era Javier, les conté que había sido mi mejor amigo en todo el mundo, que tenía una casa con arco y ante jardín, y que era la persona más rápida que conocía pero que nos habíamos peleado porque no le había avisado a nadie del monstruo azul y había dejado a Nico peleando solo. Le pregunté a Úrsula si quería ser mi mejor amiga pero me dijo que tenía una idea mucho mejor.
Ya no juro que nunca más pasará porque mientras menos pienso en eso menos veces me pasa, igual algunas noches, por el puro gusto, me vengo a esta cama que es mucho más grande que la mía y siempre tiene el colchón tibio. No se enojan si me paso a su cama, hasta me gusta porque me ponen un pijama limpio y me acuestan entre las dos y así muy calentito me quedo mirando el techo o jugando con el pelo de Úrsula, a ella no le digo mamá para que mi mamá no se confunda cuando la llamo, pero sabe que la quiero igual. Solo quiero dormirme para que ya sea de día y pueda salir a jugar con mi pelota nueva y atajar todo lo que tiren a mi arco, que es de madera y me encanta. Ya perdí la cuenta de los días, solo se que una mañana la tía Filomena me aplastó el pelo, me echó colonia, juntó mis juguetes y me abrazó mucho rato, ese mismo ritual repitieron todas las tías y hasta Nico me dio uno. Todos me hicieron chao con las manos cuando me despedí por la ventana del auto de Úrsula.
Cuando en el colegio me molestan porque no me creen que haya escapado con vida de un monstruo y tenga un amigo que haya peleado con uno, no me importa, pues al rato todos se ponen verdes, más bien azules de envidia cuando les cuento que en vez de una tengo dos mamás, muy lindas, y que juegan football conmigo tres cuartos de hora durante todas las tardes. Y aunque ellos no lo sepan, tres cuartos de hora son mucho tiempo.




(Escrito hace unos muchos días, era más largo, pero por otros motivos lo tuve que acortar como unas cinco hojas, ah! feliz día papá, no necesito una fecha en el calendario para decirte que te odio/quiero mucho)

viernes, 19 de junio de 2009

Se siente vacío, como un tupperware impecablemente limpio. (y vacío).








(foto dl pipe)